Hace un par de semanas estuvimos de fin de semana (valga la redundancia) con un grupo de gente con la intención de patear la isla. La suerte nuestra es que las rutas que íbamos a hacer eras la rutas que nosotros (Maika y yo) no habíamos pateado.
En el aeropuerto nos encontramos la mayoría de la gente, todavía con legañas y demás síntomas propios de un madrugón de un sábado. Cogimos el avión y allí nos estaba esperando “Gustavio”. Repusimos fuerzas en la capital. De ahí nos dirigimos hacía el “Pico de la nieves” cogiendo un camino que llevaba hasta la casa del monte, sitio dónde empieza el camino de “Marcos y Cordero”. Esta primera parte fué algo rutinaria (pero bonita), aunque me quedo con el final, una bajada en dónde entrábamos en parte en una pequeña zona de bosque de laurisilva, la verdad este de vegetación me encanta y me maravilla, y siempre que la veo me entra tristeza de pensar cómo podía ser gran parte del archipiélago sino fuera por la mano del hombre

En este momento paramos a comer y a reponer agua, parecía como si hubiéramos acabado la ruta. En este momento nos explicó “Gustavio” que el nombre de este pateo se debe a los ingenierios que construyeron el sistema canalización de aguas de esa parte, empezó uno por el principio y otro por el final. En este momento nos enfrentábamos a una zona totalmente nueva, seguíamos el cauce de una acequia, y siempre transportaba agua, y el paisaje cambio en su totalidad, se respiraba, olía y sentía agua (aunque digan que el agua no tiene ni color, ni sabor, ni olor). Y poco a poco empezábamos a pasar unas pequeñas galerías.


Todo hasta que llegamos a la número 12, simplemente espectacular, empezabas a sentir agua por todos lados (arriba, abajo, derecha, izquierda …) y sobre todo un sonido brutal de agua, pasamos esa galería armados con el conveniente chubasquero, para no acabar empapado de arriba abajo. Cuando salimos de última galería viendo el paisaje que había, los saltos de agua, las cascadas y la vegetación en su máximo apogeo, te sientes en comunión con lo que realmente eres (parte de ese ser vivo llamado tierra) y empezó a darme un subidón de energía que creo que pocas veces he tenido, tenía ganas de saltar, gritar, correr, llorar ….. evidentemente iba con más de 40 personas y no dí el espectáculo.

A partir de aquí tuvimos una bajada de bastantes horas, hasta llegar a una pista forestal, que tenía una vegetación tan frondosa que los árboles que teníamos no nos permitían ver la luz del sol, era contradictorio estar en plena naturaleza ver el sol, pero no poder sentirlo sobre la piel (la vida te dá sorpresas, sorpresas te dá la vida) este camino fué largo ya que llegamos a la guagua de noche, de ahí al hotel baño de agua para descansar y a la cama como niños buenos ( ¿ o, no ? …)